Crear hábitos alimenticios saludables es fundamental para lograr un bienestar general, especialmente si deseas sentirte lo mejor posible en tu vida diaria.

Mi cuenta
  • No hay productos en el carrito

hola@dietfreerepublic.com

Blog

a

Cuatro cosas que no sabías sobre tu comida y tus emociones. No se imaginan la cantidad de veces que nos han preguntado: Pero… ¿Qué tienen que ver las emociones con la comida? Y a nosotras nos impresiona mucho esta pregunta, porque tienen TODO que ver.

Así que te dejamos 4 datos sobre la gran conexión que hay entre nuestro cerebro, nuestras emociones, y nuestras digestiones:

1- Empezamos porque a nivel anatómico, dentro de nuestro cuerpo todo está conectado. La microbiota, ese conjunto de millones de microorganismos que viven en simbiosis con nosotros, principalmente en nuestro tracto digestivo, tiene una relación importante con nuestro cerebro (se llama eje intestino-cerebro).

Entonces, existe una gran relación entre alteraciones de la microbiota y diversas situaciones como: encefalopatía hepática, la ansiedad, el autismo, el colon irritable, entre otras. En estas situaciones encontramos una disbiosis (cambios en la composición normal de la microbiota) que genera entonces cambios en la motilidad gastrointestinal, y afecta a las secreciones del intestino y/o del estómago.

Cuando pasa esto, se ven alteradas las células neuroendocrinas y las del sistema inmune, lo que se podría traducir en diferentes manifestaciones. A su vez, muchos estudios han evidenciado variaciones en la composición de la microbiota cuando animales, y humanos, están expuestos a diferentes situaciones de estrés. Se puede decir entonces que la microbiota afecta al comportamiento humano y, a su vez, alteraciones en él producen cambios en la microbiota.

2- No solo hay bacterias, también hay neuronas. En el intestino humano encontramos más de 100 millones de células nerviosas, es básicamente un cerebro. Y de hecho, el intestino le habla al cerebro, liberando hormonas en el torrente sanguíneo que, en unos 10 minutos, nos dicen qué tan hambrientos estamos, o cuando no deberíamos seguir comiendo.

Un nuevo estudio revela incluso que el intestino tiene una conexión mucho más directa con el cerebro a través de un circuito que le permite transmitir señales en pocos segundos, menos que las hormonas.

Entre ese estudio, y otro donde se descubrió que la estimulación del nervio vago podría ayudar a tratar la depresión, y a entender por qué, a nivel básico, comer nos hace sentir bien.

3- Existen alimentos que promueven que tengamos un mejor humor, y una mejor salud intestinal y mental. Por supuesto no hacen magia, pero si los tenemos cubiertos, tenemos más probabilidades de que nuestro intestino y cerebro funcionen mejor.

Uno de los grandes famosos es el omega 3. Los investigadores han notado que pueden ser estabilizadores del humor, jugando un papel importante en el bienestar mental. Comer alimentos vegetales ricos en omega-3 como el lino molido, las nueces, o también los pescados azules, son fuentes geniales para asegurar esto.

Otro nutriente interesante es el selenio, muchos estudios han evidenciado que la baja ingesta de selenio está relacionada con un peor estado de ánimo. Lo encontramos en nueces de Brasil, ostras, atún blanco, almejas, sardinas, lomo de cerdo, cangrejo, pastas, arroz, y panes integrales, pollo, cordero, semillas de girasol, avena, huevos, tofu, frijoles, requesón, y yogurt.

Y por último, existen muchos alimentos que estimulan la producción de serotonina. La serotonina, es un neurotransmisor conocido por hacernos sentir bien”, y comunica mensajes “felices” a nuestro cerebro.

Hay varios componentes dentro de los alimentos que pueden influir en los niveles de serotonina:

El triptófano. Es un aminoácido que se encuentra en casi todos los alimentos ricos en proteínas, pero la forma de obtenerlo no siempre es comer estos alimentos. Comer carbohidratos parece ayudarlo a cruzar la barrera hematoencefálica, y además, es otro grupo importante para la producción propia de serotonina (por eso el tema de quitar grupos de alimentos así como así no tiene sentido casi nunca).

La falta de ácido fólico en nuestras dietas puede causar niveles más bajos de serotonina. Los alimentos ricos en folato incluyen espinacas, soja, lentejas, lechuga, judías, brócoli, espárragos, naranja, remolacha, papaya, coles de Bruselas y tofu.

4- Y por último, pero no menos importante, el por qué comemos, y cómo nuestras emociones nos pueden llevar a tomar decisiones a la hora de comer es clave para entender mejor nuestros hábitos.

Emociones y alimentación

Las emociones pueden ser detonantes para nuestras elecciones alimentarias. Desde que somos peques, la comida se conecta a una variedad de emociones e interacciones sociales increíbles. Ya estemos tristes, felices, celebrando, conmemorando algo, solas, molestas, etc., la comida se utiliza a menudo para apoyar o hacer frente a estas emociones y circunstancias. Esta relación puede comenzar mucho antes de que tengamos el control de nuestra propia dieta, influenciada por las elecciones de nuestros padres para nosotros, de nuestro ambiente, incluso, hay mucha relación con nuestra lactancia materna (o ausencia de) y nuestra alimentación.

Primitivamente hacemos muchas cosas para buscar placer o evitar el dolor. Comer entra en lo mismo. En un nivel básico podemos experimentar “dolor” en forma de hambre y buscamos placer en forma de sustento (comida y bebida). Si consideramos que cuando las emociones se involucran, empezamos a evitar otras formas de dolor más relacionadas con las emociones y, como hemos aprendido que la comida o la bebida pueden proporcionar placer, empezamos a utilizar la comida por razones que van más allá del hambre.

Entonces nos encontramos en una pequeña trampa de placer cuando se trata de alimentos, especialmente los tipos de alimentos que activan los centros de recompensa en el cerebro. Con esto no queremos decir que no debamos tener una conexión emocional con la comida, eso sería imposible. La pregunta aquí es, ¿estamos tomando una decisión consciente de comportarnos de esa manera, o estamos actuando por impulso desde una emoción o una circunstancia/hábito debido a un cierto ambiente en el que nos encontramos?

Aquí es donde la atención plena puede jugar un papel vital, cambiando la forma en que respondemos a estas emociones:

Les invito a ver el siguiente video, y a practicar la atención plena a la hora de comer:

https://www.youtube.com/watch?v=7vmUl5i9oEQ

Entendiendo todo esto, podemos acercarnos a nuestra comida de otra forma, a nuestra alimentación de manera más consciente, y a abordar nuestros hábitos en terapia con un nutri y un terapeuta que nos ayude a trabajar ambas cosas al mismo tiempo.

Recuerda que en DFR tienes ambas cosas, y si estos temas están siendo demasiado para ti, aquí estamos no estás sola.

Fuentes:

https://www.sciencemag.org/news/2018/09/your-gut-directly-connected-your-brain-newly-discovered-neuron-circuit
https://www.webmd.com/diet/features/foods-to-uplift-your-mood#1